Curiosidades
Las razones que explican un fenómeno que no pasa de moda: Amor por la serie El Zorro
Desde 1968, las aventuras de “Don Diego de la Vega” cautivan a grandes y chicos. Cuál es el secreto para que siga enganchando a la audiencia en tiempos de zapping y redes sociales
Desde 1968, las aventuras de “Don Diego de la Vega” cautivan a grandes y chicos. Cuál es el secreto para que siga enganchando a la audiencia en tiempos de zapping y redes sociales
Los sábados al mediodía, miles de personas cumplen una rutina con mucho de ritual: sentados frente al televisor se divierten con las aventuras de El Zorro. Si ese televidente es un niño seguramente buscará un repasador para transformarlo en capa, tomará una regla para convertirla en espada y, tranzando en el aire la Z, comenzará a correr por la casa al grito de “¡Zorro, Zorro!”. Si es un adulto mayor, de aquellos que hace rato peinan canas, sentirá que lo llevan a un lugar sin sobresaltos donde los buenos siempre ganan. ¿Por qué esta serie creada en 1950 y producida por Walt Disney continúa atrapando audiencias?
Eduardo Coco Fernández, gerente de Producción de El Trece, da algunas pistas. “Una de las razones del éxito es que se trata de una historia con personajes reconocibles. Otra es la complicidad que se crea con el público, el único que sabe la verdadera identidad del hombre que se esconde detrás de una máscara -sostiene-. Además, atrapa porque son personajes y situaciones puras. Los padres saben que sus hijos pueden mirarlo sin restricciones porque la serie transmite valores como el respeto o la defensa de lo que está bien”.
Pero no solo eso, los padres pueden mirarlos con sus hijos y los abuelos con sus nietos, ya que se trata de una historia que atraviesa el tiempo y las modas. Un adulto le puede decirle a un chico: "Yo jugaba al Zorro", y no se sentirá ni fuera de tiempo ni un poco tonto, porque el nene le responderá: "Yo también". Es que en tiempos de apps y juegos virtuales, la infancia de los adultos de hoy es más parecida a la de los adultos de mediados del siglo XX que a la de los que serán adultos en el siglo XXI. Sin embargo, El Zorro logra que generaciones distintas compartan un mismo código, una misma complicidad y un mismo efecto.
Como productor, Coco Fernández admira la capacidad de los guionistas para contar en capítulos que duran apenas media hora una historia donde está muy bien enmarcado lo que está bien y lo que está mal. Y esa es otra de las razones de su vigencia. "En la serie, el bien siempre triunfa sobre el mal. Y sin dudas esto estimula la imaginación de quienes en la realidad esperan que esto ocurra, pero tienen serias dudas de que efectivamente así suceda", afirma Guillermo Kaufman, doctor en Ciencias de la Comunicación Social y profesor de Narrativas Audiovisuales en la UBA.
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Otro de los grandes méritos de la serie es su simplicidad. "Las situaciones son sencillas, los personajes son transparentes, los valores que se transmiten son evidentes y compartidos (aunque no necesariamente practicados) por los espectadores, el mundo de ficción funciona de manera simple y, en general, la visión del mundo real que propone es también muy llana. En cada capítulo hay un conflicto que se resuelve y los justos siempre ganan, pero los espectadores saben que además vencerán de un modo muy entretenido", explica Kaufman. En todos los capítulos sucede algo: hay mucha acción, un poco de romance y bastante humor. El guión, entonces, es uno de los grandes méritos de esta serie. Pero, ¿es el único?
Sin duda, otro de los ingredientes del éxito es su protagonista: un héroe que no es un gran súper héroe. El Zorro no viene de un planeta lejano ni posee un cuerpo con poderes especiales. Cuando trepa por las paredes lo hace sin la ayuda de telarañas que salen de sus manos y cuando escapa de sus perseguidores huye por los techos manteniendo el equilibro y no volando. Y monta un caballo negro, pero no maneja una nave cibernética.
Para colmo, su padre es un hombre muy bueno pero absolutamente incapaz de darse cuenta que su hijo es un justiciero. La suma de estas características hace que para los chicos de ayer y para los de hoy, El Zorro sea un personaje muy imitable. Alcanza con un palo de escoba, un antifaz y una capa para convertirse en paladín de la justicia, al menos por un rato. Porque El Zorro es un héroe, pero uno posible, y sobre todo humano. Para ser como él no se precisa vista láser, un cuerpo con capacidad regenerativa o un traje especial; solo se precisa habilidad con la espada, un caballo obediente, un amigo fiel, un poco de imaginación y muchas ganas de defender a los débiles.
‘El Zorro es un héroe real que lucha por oprimidos reales. No se pelea contra extraterrestres sino con el poder colonial’, dice Guillermo Salmerón, guionista de El Marginal
Pero además la serie plantea muy bien el juego entre lo que parece y lo que es. Porque Don Diego de la Vega se muestra como un ricachón superficial y bastante cobarde cuando en realidad es otro, un hombre valiente y dispuesto a liberar a los oprimidos. Este juego de "parezco una cosa cuando en realidad soy otra" es algo que seduce pero también identifica a los espectadores, quizá porque la mayoría de las personas más de una vez nos mostramos de una manera pero nos sentimos de otra. O nos juzgan de una manera cuando somos otros.
En este sentido, Guillermo Salmerón, guionista de El Marginal, reflexiona: "El Zorro atrapa porque es un héroe real que lucha por oprimidos reales. No se pelea contra extraterrestres sino con el poder colonial". Además, Salmerón destaca que los personajes están muy bien delineados, pero a su vez ofrecen gran cantidad de matices. "El Zorro es el héroe, pero Diego de la Vega tiene todos las características del antihéroe. El Sargento García es el perseguidor pero también un tipo bonachón que prefiere estar en la taberna cantando con sus amigos. Hasta el mismo Monasterio no es un villano convencional".



















