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ORDENAR PARA PROTEGER A LOS ANIMALES… Y A LOS HUMANOS
Castraciones gratuitas en Mar del Plata: por qué la regulación del traslado busca garantizar, y no limitar, el acceso al servicio
Castraciones gratuitas en Mar del Plata: por qué la regulación del traslado busca garantizar, y no limitar, el acceso al servicio
Un circuito de trasladistas concentra turnos gratuitos desde la madrugada y deja afuera al vecino que hace la fila por sus propios medios. Por eso, el concejal Ariel Bordaisco (UCR + Nuevos Aires) presentó, junto a la ONG Género Animal, un proyecto que regula la actividad y pone tope a los cupos. Su directora, Celia Patuto, salió a desmentir versiones cruzadas y explicó, con datos, por qué la normativa apunta exactamente a lo contrario de lo que se denuncia.
En Mar del Plata, las castraciones gratuitas de perros y gatos son una política pública consolidada que ejecuta el Departamento de Zoonosis en postas barriales de toda la ciudad. Pero un problema de fondo viene erosionando su alcance: los turnos, limitados por jornada, terminan concentrados en manos de un mismo circuito de traslado de mascotas, mientras el vecino que se acerca por sus propios medios se queda sin lugar.
Para resolverlo, Bordaisco presentó en el Concejo Deliberante un proyecto que crea un Registro Municipal obligatorio para trasladistas y establece un tope de dos animales por jornada por transportista inscripto, elaborado junto a Género Animal, la ONG que detectó el problema en el territorio.
“La castración es una herramienta central de salud pública y bienestar animal. Reduce el abandono, previene enfermedades y mejora la convivencia urbana. Por eso tenemos que garantizar que el acceso sea equitativo y ordenado”, sintetizó el concejal al presentar la propuesta.
Ante versiones que circularon en las últimas horas, Género Animal salió a aclarar el sentido real de la normativa. “No queremos limitar las castraciones. Queremos terminar con un sistema que hoy limita el acceso del vecino a las castraciones”, remarcó su directora, Celia Patuto. La titular de la ONG explicó que hay trasladistas que llegan de madrugada y esperan dentro de sus vehículos hasta desplazar, a la hora de repartir turnos, a vecinos que hicieron la fila de buena fe; y que incluso con la regla vigente de “un animal por persona”, algunos sortean el límite sumando a otras personas que, en la práctica, responden a un mismo circuito comercial. Además indicó que ante la necesidad de muchos vecinos por castrar, está competencia por los turnos “ha llevado a varios a salir de madrugada y ser víctimas de hechos de inseguridad”.
La distinción que ordena todo el debate es simple: la castración municipal es pública y gratuita; el traslado es un servicio privado y pago. Nadie cuestiona que exista y se cobre por ese trabajo, pero el problema aparece cuando esa actividad comercial absorbe los turnos que deberían distribuirse entre toda la comunidad. Los números lo confirman: mientras un vecino accede, en promedio, a un máximo de dos turnos al año, hay consentimientos vinculados al traslado que superan las 30 intervenciones mensuales.
“No estamos en contra de quienes trabajan trasladando mascotas. Lo que buscamos es ordenar el sistema para que ningún vecino se quede sin turno porque alguien concentró cupos en un servicio que debe ser público y gratuito”, aclaró Bordaisco, en sintonía con Género Animal, que remarcó que los trasladistas podrán seguir trabajando: lo que se termina es la posibilidad de acaparar turnos sin control. “El objetivo es fortalecer una política pública que funciona y que es reconocida en la ciudad. Si ordenamos el acceso, optimizamos recursos y garantizamos igualdad de oportunidades”, cerró el concejal. Desde la ONG lo sintetizaron sin dejar dudas: “Queremos que se castre más”.




















