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Cultura

Campanella lleva Parque Lezama al cine y cuestiona

“Ningún país occidental, capitalista, importante, se tira contra su cultura”

Juan José Campanella sabe lo que hizo y se lo ve convencido (y entusiasmado). Lo que hizo: filmó, con los mismos protagonistas y en 80 metros cuadrados, una película que es una versión de la obra teatral que él mismo dirigió durante 11 años: Parque Lezama. Con los mismos actores: Luis Brandoni y Eduardo Blanco. Lo hizo para el cine -se estrenó el jueves pasado- y para Netflix, donde arranca el 6 de marzo. Y lo hizo sin convertir esa obra en una superproducción sino manteniendo su espíritu teatral, aunque él sostenga que no es tan así. Tiene sus razones.

 
De eso habla Campanella, enfático, este mediodía soleado en un hotel elegante de Buenos Aires. Lo dice sentado a la mesa con Francisco Ramos, un mexicano sonriente al que todo el mundo por acá llama “Paco” pero que es el Vicepresidente de Contenido de Netflix para Latinoamérica. Un señor importante y, de hecho, el que levantó el pulgar para que Parque Lezama pasara de ser la idea que se le ocurrió a Campanella sentado en la fila 5 del teatro a ser este lanzamiento internacional.

Casi que Parque Lezama, como suele decirse, NO NECESITA PRESENTACIÓN. Once años de éxito, giras... su argumento es conocido. Dos hombres grandes conversan en un banco de la plaza, día tras día. Uno se llama Antonio Cardozo y es encargado de un edificio, aunque en cualquier momento deja de serlo. Su vida entera depende de ese trabajo, que también le da un techo, y del que debía haberse retirado hace muchos años. El otro, León Schwartz, le cuenta historias quijotescas, es un idealista, es comunista y está dispuesto a resistirle al mundo y al tiempo mismo. Y hasta a dar la cara por Cardozo, que no es exactamente su amigo.

 
El primero lo interpreta Eduardo Blanco y es ese tipo que sabe que, aunque se haya cambiado al turno noche y se la pase escondiéndose, el nuevo presidente del consorcio, Menéndez Roberts, un día lo va a encontrar y lo va a despedir. El segundo tiene la cara de Luis Brandoni, sueña con un mundo mejor, inventa lo que haya que inventar para salir de situaciones complicadas y, por ejemplo, cuando efectivamente Menéndez Roberts diga lo que sabemos que va a decir, sale con una amenaza: vamos a crear la palabra menendezrobertización para hablar de malos bichos que echan a un viejo a la calle. Y ya vas a ver.

En esta entrevista, Campanella va a decir que él se siente más León aunque a Cardozo lo tiene adentro. A los 66 años, va a hablar de la vejez. Y va a decir que firmó la carta para defender al cine frente a un artículo que lo afecta en la ley de reforma laboral, pero que lo que más lo preocupa es que ve un movimiento anticultura. Que dice que la cultura no es importante y que quienes la hacen son vagos.

 
Juan José Campanella y Francisco

Juan José Campanella y Francisco Ramos

-Entonces, ¿cómo fue lo de filmar teatro?

JCC: -Esto surgió así: ya estaba por bajar la obra, Beto hacía años que me venía diciendo: “Tenemos que hacer la película, tenemos que hacer la película”. Pero yo la veía como una obra de teatro. Cuando estaba terminando, un día digo: “la voy a ver de cerca”, y me fui a la fila cinco, la fila de los invitados. Y te juro que ahí dije: “Hay que hacer la película, porque nos estamos perdiendo algo sumamente cinematográfico”, Dos elementos: uno es el primer plano, que es el gran aporte del cine a la dramaturgia, y otro es poder mirar al que escucha, porque en esta obra lo que le está pasando al que escucha es fuertísimo, y en el teatro vos estás mirando siempre al que habla. En teatro vos ves siempre la película en plano general, desde un solo punto de vista. Acá ves lo que quiero yo, como director, que te muestro la cara del que no habla.

Ahí sentado, en la fila 5, Campanella empezó a filmar. A poner la cámara donde la quería. A editar. “Empecé a ver la película en mi cabeza. Al final del segundo acto, dije: “Estas actuaciones no pueden quedar en el olvido”. Ahí me comuniqué con Paco, que estaba por viajar a la Argentina. Vino a ver la obra y me llamó desde la puerta del teatro.

Era julio de 2024. “Hagamos la película”, dijo Ramos. Y acá estamos.

No fue fácil, sin embargo, conseguir los derechos. La obra de teatro era una adaptación de I’m Not Rappaport, escrita por Herb Gardner y estrenada en Broadway en 1985. ¿Por qué fue difícil? “Porque los tenía Universal”, dice Ramos. “Pero negociamos con ellos y los conseguimos. Entendieron que la interpretación que hace Juan del texto es muy diferente”.

-Entonces, Juan, en la fila 5 tomaste la decisión de mantener el tono teatral, por ejemplo, de no introducir flashbacks recreados sino de que lo que se cuenta, se narra con palabras es diálogo.

JCC: -Vamos a definir lo que quiere decir “teatral” porque, a veces se puede interpretar como que le baja el precio a la película. Doce hombres en pugna, por ejemplo, es una película que parece una obra de teatro y para mí es eminentemente cinematográfica. Acá hay subrayados de cámara muy sutiles, donde no se nota la mano del director, pero que cambian totalmente la interpretación. Respecto de los flashbacks, acá lo importante no es lo que pasó, sino cómo lo cuenta y cómo lo recuerda él. Hay una escena con la hija en la que ves a Brandoni transformarse en un chico de ocho años, que levanta su manito... eso es totalmente cinematográfico. Si acá tengo a Brandoni, que es uno de los grandes del mundo, contando algo, se trata de su cara. Y cortar al flashback no es más que una desilusión.

La vejez y la elección

La vejez y la elección entre conformarse o no, los temas de "Parque Lezama" (Créditos: Marcos Ludevid)

Ramos sonríe, asiente. ¿Cómo es para una plataforma como Netflix tener una pelicula así? Uno podría suponer que se ocupan de filmes de gran impacto, con mucho movimiento..

“Tener una película de Campanella es muy importante”, dice el directivo. Tenemos las películas de Juan y las de muchos otros de sus colegas y compañeros. Y luego, que hagan la película que ellos quieran hacer".

Lo dice y tal vez esté aludiendo, sin mencionarlo, a algo que contó hace un mes Matt Damon: que hay directivas en la plataforma, recetas que todas las películas deben cumplir.

“Hay un concepto de que nosotros tenemos unas reglas mágicas que les damos a los cineastas -dice Ramos- a partir de las cuales tienen garantizado el éxito y que la película viaje por todo el planeta”.

-¿No es así?

FR: -Que diga él.

JJC: -No, en mi caso, los comentarios han sido superatinados siempre, con mucho respeto siempre.

-Sos un usuario de Netflix que vive en Colombia. Esta versión es bastante local ¿Te interesan dos señores mayores argentinos charlando en una plaza?

FR: -El otro día leía una entrevista que le hicieron a Leonardo Padura en El País, de España, donde él decía que desentrañar lo local era la única forma de llegar a lo universal. Y si Padura dice esa frase, pues yo me voy a copiar. ¿Quién soy yo para decirle a Padura que lo local no es universal? La gran ventaja de Netflix y de nuestros competidores en el streaming es que pueden dar acceso a audiencias globales a contenido local: hasta hace muy pocos años estaban limitados al cine y a las series americanas.

-¿Y les va bien?

FR -Hay muchos ejemplos que podemos poner de cosas reargentinas, como dirían ustedes, que están teniendo muchísimo éxito a nivel mundial, pues dígase El Eternauta. ¡Y más porteño y más argentino que El Eternauta, pues, no creo que haya!

La vejez y los sueños

-La película, creo, tiene dos temas. Uno es evidente, la vejez y su fragilidad. El otro, las ilusiones, el sueño de hacer un mundo mejor. Empecemos por el primero: me preguntaba cuánto influye en tu mirada el hecho de que tengas 66 años. Y si ves una situación sin salida como la que aparece en la obra.

JJC- Vos sabés que yo vi la obra por primera vez a los veinticuatro, o veinticinco años. Para mí hay dos temas que están casados pero lo principal es el conformismo versus el compromiso. Por eso, en esta versión creció mucho el personaje de Cardozo, porque en la original, escrita por un judío neoyorquino, el héroe era el personaje de Brandoni. Y para mí, esas dos posiciones tenían que tener el mismo valor, porque no se trata solamente de dos personas distintas: todos nosotros tenemos esa lucha adentro. Y también me importó ver si a cierta altura, cuando te queda poco, sigue valiendo la pena tomar decisiones que pueden cambiar tu vida.

-Eso solo puede pasar en la vejez.

JJC-Esa era la circunstancia de la vejez, que hace todo más urgente. Uno puede entender más a Cardozo en la vejez. A los veinte años decís: “No, sos un tarado”. Pero, pero en la vejez decís: “Dejame quedarme hasta Navidad”. En cambio el otro dice; “No es así, hay que seguir viviendo”.

-¿Vos a cuál te parecés más?

JJC-Quiero creer que me parezco más a León. Tengo algunas pruebas, pero que no quiero contarlas...

-Bueno, una.

JJC: Elecciones de vida, que todo el mundo me decía en ese momento: “Estás loco”. Después De ganar el Oscar, especialmente: decidí venir a hacer Metegol cuando me venían ofreciendo Terminator 4.

-Una decisión difícil.

JCC: -Pero, igual, en mí Cardozo está presente permanentemente. Y, a veces, gana. En la película, cuando todo le sale mal, Cardozo le dice a León: “Pero seguime contando”. Es maravilloso. Yo lo cuento y me emociono.

-Dos jubilados en problemas... Vos, le ves una lectura política a Parque Lezama en este momento?

JCC: -Y sí, obvio, pero la obra es del 84.

-Es que yo la veo acá y ahora.

JCC: -También te muestra lo universales y atemporales que son los temas que toca. Se estrenó justo el día de un paro general, cuando el tipo está diciendo todo un monólogo del paro general. Sí, tiene una lectura y va a tener la misma lectura dentro de cinco años. Yo me, mira, yo veo Luna de Avellaneda ahora y digo: “Parece que la hubiéramos hecho este año”. Lamentablemente, eso habla mal de Argentina, no bien de las películas. Ccreo que, lejos de ir quedando vieja, está cada vez más actual esta obra, porque incluso la posición de, que es la más pragmática... Una posición así recién empezaba a mostrarse cuando se escribió la obra y ahora está naturalizada ahora. Muchos tiran la toalla a los veintipico de años.

-Y los idealistas parecen ser los más grandes.

JCC: -Y bueno, por ahí toca esa cuerda la obra. Es algo que se nota absolutamente.

-Es un momento difícil para el cine, partes de la nueva ley laboral afectan el financiamiento del INCAA. ¿Cömo lo ves?

JCC: -Nunca imaginé que iba a pasar esto: la gente está todo el tiempo online y muchos dejaron de ir al cine. Soy firmante de la carta de la gente del cine a los Senadores alertando por el financiamiento, pero tengo dos reflexiones: una, que el problema del cine no es tanto un problema de oferta, sino que es un problema de demanda. Y eso lo sufren las cinematografías de todos los países. Y también Hollywood. Yo he ido a ver allá películas de estreno y éramos diez, un domingo a las seis de la tarde.

-Te pregunto por la producción, porque el cine también se puede ver en plataformas.

JCC: -A mí lo que más me preocupa de todo esto es que noto un movimiento más grande, que es contra la cultura. Dicen que en la cultura somos todos mangueros, vagos, que no sirve, que es un gasto innecesario. Pero toda nuestra experiencia de vida dice lo contrario. Yo estoy mucho tiempo afuera y yo lo que extraño de Argentina es su cultura, es su música, sus cómicos, sus actores, sus teatros, sus películas, sus tipos de la radio, sus autores de libros. Es la cultura. Argentina, económicamente, debe ser uno de los peores países de Latinoamérica pero sigue siendo relevante por su cultura. Y por el fútbol, quizás, pero su cultura sigue siendo un faro de Argentina.

-¿En qué se ve?

JCC:- La gente viene acá a ver teatro. Parque Lezama se hizo en otros países de Latinoamérica por la versión argentina, no por la de Broadway. No hay ningún país occidental, capitalista e importante, que se tire en contra de su cultura. Es una locura. No lo hace España, ciertamente, no lo hace Estados Unidos, donde está el Fondo Nacional de las Artes, el National Endowment for the Arts, , donde cuidan su cine. Ni hablar de Francia, ni hablar de Inglaterra. Me preocupa este movimiento anticultura. Es importante que el argentino se sienta orgulloso de la cultura, porque es una de las pocas cosas, si no la única, de la que podemos estar orgullosos.

Página:

https://mdpok.ar/noticia/cultura/2026/02/24/campanella-lleva-parque-lezama-al-cine-y-cuestiona/28494.html